martes, diciembre 27

Leon Felipe

Y ya que se me ha sorbido el seso, he aquí unos versos de León Felipe:

La sal es la conciencia...
¿Verdad, filósofo, que la sal es la conciencia
del mundo
del hombre,
del pan,
del agua?
Sólo el agua del mar tiene congojas
y la voz sollozante como el Viento.
Viento... déjame sin conciencia allí dormido.

¿Qué?
¿No es el amor el Viento?
Yo lo pregunto nada más:
¿No es el amor el Viento disfrazado de andrajoso
vagabundo?
Antes del Fiat-lux no era más que un lebrel rabioso y
sin nombre.
aullando en las tinieblas...
persiguiendo la sombre...
Ahora anda loco... enamorado de la luz
y ¡cómo la persigue siempre, desvelado,
iracundo después de bañarse en el mar!

(Fragmento de De Antofagasta a La Paz -En el tren-, León Felipe)

sábado, noviembre 19

El tiempo

En algún lugar perdido quedó aquel proyecto de una escritura uniforme, extensa, homogénea. Aquél en donde hablaba de mi infancia y el odio de tu ausencia; aquel en donde dejaba de ser yo para convertirme en una chica tímida y ávida de perdón. Ese lugar, en donde se perdieron las letras y los cánticos de lo que pudo ser una obra de arte es imposible de encontrar.
Ahora los ecos me piden que no sea tonta y regrese al espacio de donde sale la creación vírgen y blacuzca. Que deje atrá los miedos, porque las letras esperan salir, cobrar vida, pertenecerme.

sábado, octubre 1

Te metí en mis ficciones

 How happy is the blameless vestal's lot!
The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray'r accepted, and each wish resign'd
Alexander Pope


Hay pasados que quedan grabados en los cimientos de una casa, en el sabor de los dulces, en las heridas que no sanan con el tiempo. Hay pasados que se olvidan, o recuerdan, por el simple murmullo del viento que anuncia la entrada de una nueva estación. Hay pasados que pasan...

Pero el tuyo, por desgracia mía, de mi pobre corazón y mis ojos curiosos, quedó grabado en la telaraña mediatica de un blog. Tus palabras, tus sonrisas, todas tus ganas de amar quedaron a mi alcance. Ahí quedó y quedará el resplandor de un pasado que no me pertenece. Y aquellos adjetivos, adverbios, sutantivos, ¿cómo saber qué ya son míos? ¿Cómo apropiarme de lo que he visto era de otro? ¿Cómo creer a esa boca que siempre dice amar, amar por siempre?

Sé que vamos, paso a paso, contruyendo nuestro camino, sé que hemos quemado nuestras naves para comenzar este andar juntos, enamorados, albos. Y aunque he visto tu corazón puro y desnudo, queda incrustada la astilla del desconcierto, el temor al vacío, a todo esto que, aunque surge bello, surge nuevo.
Quisera enterrar ese pasado tuyo como lo he hecho con los míos, fondos y dúctiles; quisiera borrar tu memoria y la mia, pero el tiempo no se ha hecho para eso...  el ayer sabe que no pertenece al mañana... y el mañana sólo promete cuando el ayer ha quedado consciente, archivado.

Hay pasados, como el tuyo, que duele compartirlos, pero que al final de cuentas no podemos evitar ni borrar. Somo adictos al pasado, lo has dicho: "somos tan adictos al pasado que sin discreción alguna, cada segundo de conciencia, es evaluada, incorregiblemente, por un alter-ego que regaña, reprende y malentiende. Lucha de equilibrios, despertar subjetivo de la más elemental presencia de juicio objetivo". Sin embargo, el olvido, queda como una esperanza malsana, una esperanza del mundo olvidando al mundo olvidado

martes, septiembre 13

¡Adiós, Jacarandas!



Para Blanche y su viaje a la India
Sé que esa casa no me pertenece, que ese naranjo no es mío y que los perros que se asoman por el jardín no obedecerán a mi voz, pues mi voz no es la de su ama.
Desayuno con calma. Me gusta sentarme ahí y ver alrededor. Las puertitas movedizas de la cocina, el mueble donde se encuentra el viejo teléfono desde donde siempre escucho alguna voz familiar y cálida, la mesa redonda que nos invita a compartir de todo: la comida, los dulces, la largas pláticas en pijama. El naranjo, los colibríes que llegan a saludarnos, el cuarto exterior desde donde haces todos los movimientos y transacciones para tener una vida económicamente plena, suelta, libre. Desde donde escribes los mails que he de leer en una ciudad lejana. Desde donde, quizás, alguna vez te refugiaste para guardar en silencio ahogado aquello que hoy te ha hecho más fuerte. Aquello que hoy te hace partir.
Sé que esa casa no me pertenece; sin embargo cuando llego ahí y me instalo, cuando paso al fondo y hago mía la cama de la colcha verde, cuando paso al baño y leo el decálogo del buen “comportamiento” en el wc (el que se encargó de poner tu hijo cuando tenía 16 años, cuando amaba todo lo escatológico e iracundo), cuando abro la llave de la regadera y dejo que el agua del bajío rocíe mi piel tropical me siento en casa.  
Esa casa que no me pertenece, ubicada entre las Jacarandas de mi memoria, deja en el piso tu corazón bien sembrado. Y ahí, donde yace tu órgano, lo que fue tu órgano vital por muchos años se libera tu espíritu que ha decidido ser libre e irse a la India a seguir el camino que tus pasos comenzaron, sin saberlo, años atrás. Esa casa tuya, queda como el mausoleo de toda una vida. De recuerdos compartidos y secretos que jamás sabré; queda tuya, por siempre tuya.
Y en invierno cuando ya estés lejos, descubriendo cómo renace tu corazón en el pequeño cuerpo que tus padres te dieron y que tan profundamente has aprendido a honrar, deja que tus ojos se maravillen pues el cielo y yo te mandaremos de regalo la púrpura jacaranda que alguna vez te perteneció para recordarte que estás lejos, construyendo el nuevo camino de tu vida. Un vida que te espera plena, blanca, blanca…



martes, septiembre 6

La duda

Hay algo que me pica eternamente
y no sé si es una pulga
o las células muertas del tiempo 
que me van dejando así 
                                                               sin más
falta de piel, de huesos y de conciencia. 

jueves, agosto 25

Introspección a mitad del año

a mis peques queridos: Toy, Elisa, Diego y Sofía
por su inocencia

Cuando era pequeña solía soñar con un castillo que se derrumbaba. Mis piernas, torpes, corrían cansadas por las escaleras; bajaban y bajan mientras el rabillo del ojo veía cómo por debajo iban quedando las gruesas estructuras de la infancia. No quería crecer. No quería crecer.

Mis cumpleaños solían ser un mar de lágrimas, gritos y peleas familiares. Odiaba las mañanaitas, la cursi velita en el pastel, el número ése que indicaba un año más, los abrazos, los besos, la atención puesta sobre mí. No quería crecer, simplemente no... Tenía el bien conocido síndrome de Peter Pan; aquel niño que, abandonado por sus padres, y con ayuda de un hada, deja el mundo terrenal y se va al país de Nunca Jamás, un lugar en donde nunca crecerá, donde la infancia y la inocencia lo librarán de cualquier sufrimiento. La única diferencia era que: a) yo no tenía a Campanita, y b) aún no sabía que el crecer, las maravillosas vueltas y sabiduría con que me otorgó la vida me harían una adulta feliz.
Si bien tuve una infancia triste, llena de recuerdos melancólicos por un padre que no estuvo. Si bien nunca logré entender que no era a mí a la que le correspondía mejorar las situaciones familiares y maduré (forzadamente, más rápido), el amor que me otorgaron los adultos (mi madre, mis tíos, tías y abuela), pero sobre todo, la risa y el asombro que me contagiaron los pequeños de la familia me hicieron redescubrir que el castillo que se derrumbaba interminablemente podría tener una arquitectura sólida; tan sólida y estable que ahora, cuando quiero, puedo regresar a ella y sentirme viva.

Este año no odié el pastel, ni el numerito ése que indicaba mi edad, soporté un poco más las mañanitas (maldita canción, qué tendrá que nada más no me gusta), y me aventé a un vuelo de 30 minutos en el aire. Desde ahí  no sólo contemplé el pueblo, sus casas con alberca y techo de teja, la bahía, la gente diminuto y el suelo que me esperaba trémulo para que, una vez más, pusiera mis pies y comenzara a andar; sino también mi vida hasta ese momento. Y tomé una decisión: seré feliz. 

Ahora, a mis 24 años y después de semejante vuelo, sé que las cosas no son estáticas, que no crecer no me librará del sufrimiento (al contrario), que la visión de la infancia (aquella inocencia y asombro por las cosas del mundo) puede permanecer y volver siempre que uno lo desee; y, lo más importante, sé que los castillos no se derrumban, sólo cambian de estructura.

Aunque dedico este post a mis queridos peques, porque ellos me han enseñado y compartido momentos invaluables, está pensado con un profundo agradecimiento a toda mi familia. Innumerable, maniaca, llena de gente brillante que me hacen ser lo que soy y que me han enseñado lo mucho que vale la pena vivir en un estado de consciencia plena.




NOTA: Si eres de aquellas personas que dudas y crees que tu estructura puede derrumbarse en cualquier segundo te recomiendo un viaje en parapente; así no tendrás que correr y esquivar los tabiques que van cayendo, un sólo salto librará tu vida y te hará contemplar la tierra con calma. Tener un par de alas a los costados siempre será un aliviane.

domingo, julio 17

Paseos I


¿Y si llueve, y si me mojo, y si se me ocurre saltar en un charco y recordar la infancia, y si un coche pasa demasiado cerca y salpica mi pulcritud… Si lloro, si mis lágrimas se confunden con la lluvia, si mis pies se van venciendo del cansancio de la vida, si nadie me ve, si nadie se da cuenta que estoy muriendo… Si caigo, mamá, si caigo sobre el suelo mojado, si la acera me abraza la orfandad y la lluvia me besa la entrepierna… Si de pronto, mamá, quiero volver a casa y he perdido el paraguas, la brújula… Prometes, prometes no quedaré ronca, artrítica, deshausiada? ¿Lo prometes, mamá?

miércoles, julio 13

El fin del otoño

Montaré con sigilo
tu atemorizado cuerpo
y me volveré la doncella maldita
que ha bajado de la bruma que dejó el otoño,
para cobijar tu piel,
carcomida por los años
y aquella otra mujer 
que profanó ser tuya. 

martes, julio 12

Paseos II

Hace tiempo la noche no asediaba. 
Quizás sean las hormonas y la luna llena,
quizás tu ausencia eterna.

Hace tiempo no me visitaban los versos
ni el roer del pensamiento pausado,
que junto con los muslos,
va abriendo
al cuerpo cansado de ser joven, incauto,
aquella promesa que me hizo mi madre:

Mudarás y, cual serpiente, 
la vieja piel que alguna vez impidió 
siguieras tu camino, será la alfombra
que protegerá tus pasos y te mostrará
el incierto futuro de la esperanza.

martes, julio 5

Lactobacilo tipo AV (sólo para Latinoamérica)

"Normalmente son benignas
e incluso necesarias(...). 
Habitan en el cuerpo 
humano".
Wikipedia 
[¿Y qué?]

Como de costumbre, voy un poco tarde hacia el trabajo, corro por las subidas y bajadas de mi ciudad mientras hablo por telefono e intento tomar un taxi. Al fin, uno me escucha y se acerca por donde voy saltando con mi doble bolso (llevo dos en realidad: uno grande en donde cabe, casi, toda mi oficina y otro grande en donde cabe casi todo mi refri), abro la puerta y cuando ya estoy instalada termino mi llamada. Cuelgo.

El taxista se da cuenta que ya no estoy ocupada y, mirando por el retrovisor, me dice señalando uno de los posters que hay en la banqueta: "Parece que ya lo encontraron, señorita". Me tardo un poco en entender. El poster, (ése y todos los demás) tienen desde hace unas semanas la foto de un chico de apróximadamente 17 años. Se busca. Desaparecido.
- ¿En serio?-, le digo sin querer preguntar el resto de la información. Pero la duda de mi rostro o la preocupación de mis ojos lo hacen continuar con su relato matutino.
- ¡Ei! No me crea, eh, señorita. Pero que lo encontraron en el Parque Tal sin órganos...

Mi telefono no deja continuar al taxista con sus detalles. Contesto. Lo que queda de mi trayecto habló con alguien más y no mencionamos el tema de los desaparecidos, de los encontramos. Nos limitamos a hablar de nosotros.
Por el resto del día, me quedan rondando aquellos dos escasos diálogos. No sé si sorprenderme, si permanecer inmune. Me parece terrible poder decidir ante el terror, acostumbrarnos a la violencia, verlo como algo cotidiano e integrar el miedo a nuestra cotidianidad. El miedo se ha vuelto como una bacteria  benigna que ni siquiera nos damos cuenta que la tenemos, el lactobacilo Anti-Violencia. La supuesta inmunidad que adquirimos en movimientos armados está llena de terror, pero ya no nos damos cuenta de él, creemos que los balazos ya no nos asustan, que los militares son decoraciones, que un desaparecido más es cotidiano; pero en el fondo nos vamos llenando de capas de la desconfianza. Y cuando nos vemos forzados a salir de nuestro contexto social y las capas no son necesarias parecemos entes paranóicos, de otro tiempo. Tengo dos ejemplos:

1. En una estación de tren de Francia. Entro corriendo a tomar un tren (la costumbre de ir tarde o al límite del tiempo no es sólo con el trabajo) y me detiene de golpe ver a todos esos sujetos armados moviéndose de un lado a otro. "Paso algo, hay que tener cuidado", le digo a mi acompañante francés, quien no entiende mi frase y me dice, "Nada, no ha pasao na' ", "¿Y los militares?", "Joer, que son policías, siempre están aquí para cuidarnos". "What? ¿Siempre están ahí para cuidarnos...?" Me dió risa, pensé que era irónico, pero no lo era. Después me dió verguenza.

2. En un callejón de San Francisco: una prima me lleva a conocer los murales de la zona. Veo la calle y pienso, "ahí no entro yo"; pero ella camina feliz mientras me va explicando la histroria de la repoblación latina del siglo xx. "Oye, prima, mejor regresamos más temprano, cuando haya más solecito, ¿no?". Ella muere de la risa: "Eres igualita a Hazel*". Con el rabo entre las patas (por miedo y por vergüenza) termino entrando al callejón.

Nuestro lactobacilo tipo AV, fabricado sólo para Latinoamerica, no hizo bien su efecto hoy. Si es verdad lo que el taxista me dijo por la mañana, creo que necesitaré un laxante. Si no es verdad, creo que, de todas maneras, necesitaré un laxante. Por algún lado tendrá que salir todo este malestar que me provoca mi país.

* Hazel es la amiga salvadoreña de mi prima. Durante su infancia iba, todos los veranos, al Salvador; era la década de los ochenta. 

jueves, junio 30

La autocensura

Estoy luchando por escribir, pero todavía tengo miedo que recuerde que mi nueva cuento fue aquella frase que me dijo la semana pasada, aquella mirada pispireta, la risa que hizo que todos saliéramos del trabajo con dolor de panza, la conversación que escuché sin permiso, las vacaciones de primavera, el viaje donde nos conocimos. Todavía tengo miedo y, por eso, no escribo...

Al final del día no pido mucho, sólo que me des permiso de meterte en mis ficciones.

¿Cómo combates tú la autocensura? ¿La culpa de escribir, cómo la combates?

miércoles, junio 22

Luto



El pasado 7 de junio publiqué un post en torno a la falta de libertad de expresión en nuestro país.
Hoy, en solidaridad al periodista Miguel Ángel López Velasco quien, junto con su familia, fue asesinado el pasado 20 de junio, reitero mi vergüenza y desilusión.

Es triste, tristísimo, que la palabra de un ser humano sea el motor para que la muerte haga su presencia antes de tiempo. Su mujer, su hijo de 21 años y él son víctimas de la intolerancia y el poder mal encausado. Son el reflejo de un país en ruinas que se desmorana. No hay palabras patrióticas ni esperanza al futuro cuando día a día se abre el diario para sumar las muertes de inocentes. 

No nos acostumbremos a los muertos, las balas, la desigualdad, los desaparecidos, la pobreza, la violencia. No está bien. No está bien lo que pasa en nuestro país. Triste, pero nuestro a fin de cuentas.

Escucha:
http://www.youtube.com/watch?v=RgjfyG3Gc8Y

jueves, junio 16

Conversación con féminas I

 a ti, que quieres ser mamá


Una noche tranquila en la ciudad. Cuatro féminas salen de un bar sólo para dirigirse a otro. La luna, naranjosa y redonda, les hace sentir el exceso de estrógenos.

"¡Bendito sea Dios, ya me bajó!".
"¿Qué?", pregunta la que lleva los zapatos verdes.
"¡Que ya me bajó! Lo acabo de sentir ahoritita, 'ora córranle".

Aceleran el paso. Una, a la que le bajó, va más nerviosa que las otras, aprieta el paso, los esfínteres, contiene su respiración lo más posible, hace todo por retener y llegar lo más pronto posible al baño.

"¡Achú! Puta madre... qué suerte". Aprieta más el paso, siente que el alma se le sale después del estornudo. Llegan. Se acomodan en una mesa, mientras la otra pasa directo al wc.

Regresa más tranquila, respirando, se sienta con las demás y se incorpora a la plática... de pronto una de ellas, la que siempre usa bufandas o pañuelos en el cuello, interrumpe y cambia de tema brúscamente.

"Bueno, ya chicas, entonces ¿qué hago?".

Las tres voltean a verse, existe una mirada complíce, pero discorde, casi al unísono las respuestas salen de sus labios, escupidas, bruscas, desesperadas porque, la del trapo al cuello, nunca hace caso ni sigue los consejos de las otras: "¡Adopta!", "¡Tírate a uno!", "¡In vitro!".

"No, in vitro no... mejor escógete a uno que veas, que te guste, y te lo echas".
"¡Ay no!, ¿Qué tal que tiene algo? No, no, no, no, no... Es más seguro in vitro. Mira, como nos decía mi maestra en la secundaria: caras vemos, genitales no sabemos. Y ahora, con todo lo que hay... ¡ay no, no, no, no... Pa' qué te la juegas".
Todas voltean a verla, ella es un tanto paranóica. No sólo con las ETS, sino con el mundo en general. Uno nunca sabe, manita. Y alza la mano, enseñándo su palma derecha como si estuviera haciendo un juramento solemne. Uno nunca sabe.

"No mames, ¿qué podría tener?", pregunta la de los zapatos verdes.
"Pues Sida, papiloma, gonorrea... una nunca sabe".
"Pues mira, la verdad que eso sí está cabrón", a la que le acaba de bajar toma la palabra en el debate, "pero in vitro es súper frío, no saber de quién es el esperma, cuánto tiempo lleva ahí en el congelador ése... además hay muchos niños huérfanos, mejor adopta".
"Hay no sé, chicas, eso de la adopción está muy difícil, ya ven cómo le fue a Sandra, in vitro tampoco me late y agarrarme así a cualquiera, pos tampoco, ¿no?".

Asienten, callan. Piden otra cerveza. Cambian nuevamente el tema. De pronto, la que siempre usa trapos en el cuello, interrumpe la plática con un grito súbito: "Manolo"
"¿Qué?", pregúntan, como acostumbran, al unísono. 
"Manolo también quiere ser papá".
"Pues sí, mi reina, pero Manolo es gay".
"Mejor aún, buenísima idea", dice la de zapatos verdes, "hagan un acuerdo y cuando sepas que estás en tus días fértiles le pides que te haga el favor".
"Pues ni tan favor, sería un  proyecto para los dos. Así, podríamos compartir responsabilidades sin tener que vivir juntos y todas esas cosas".
"Excelente idea", todas ríen; pero a la que le acaba de bajar se queda un tanto más seria, dudosa: "¡Ay, chicas! A veces parece que estamos pepenando amor. Qué tiempos estos..."

Suspiran, el comentario no les ha hecho gracia. Voltean a ver a la luna, redonda y naranjosa que les recuerda, una vez más, el exceso de estrógenos y la falta de testosterona.

sábado, junio 11

Adopción de niños en Veracruz. Debate abierto.

Cuando manejo suelo escuchar la radio. La tarde del pasado miércoles, cuando iba a Nomeacuerdodónde, escuché, asombrada, que el Congreso del Estado de Veracruz había aceptado la Ley para la adopción de menores. Sin ningún voto en contra, 24 años después de haberse aprobado en España y 13 años después del Distrito Federal, la nueva ley permite que tanto matrimonios, como a personas solteras y extranjeros adopten. Sin duda, pensé al volante, es una iniciativa digna de celebrarse; pretenden que la adopción se agilice. Conozco, he conocido muchas personas que, o han adoptado, o les gustaría hacerlo; las primeras lo han hecho o a través de medios "ilícitos" (bajita la mano, bajita la mano) o en países donde hay más apertura y facilidad de trámites, las segundas, tras interntar en el país han declinado tras largos, cansados y caros intentos. "Veracruz, un paso adelante en adopciones", decía una vocesita chillona de la estación.
Casi me convencen.

Existen, sin embargo, tres cuestiones que me dejaron pensando el resto de los días...  

1.  En esta nueva modificación de ley no se habla de la adopción de niños/personas con capacidades diferentes, ni de la correspondiente a mayores a los de edad.

2. La ley no ha aprobado ni contemplado la adopción para parejas del mismo sexo.

3. (Es para mí la más grave de las cuestiones) La adopción queda restringida a hacerse sola y únicamente a través de las instituciones estatales correspondientes (Consejo de adopciones, DIF) una vez nacido el  niño. Es decir: la madre no podrá comenzar los trámites de dar en adopción mientras esté embarazada, no podrá decidir a quién va a dar en adopción al infante y tiene prohibido hacer un trato directo con los futuros donantes.

Este último punto me hace pensar en la palabra expropiación. Según la definición de la RAE, expropiar es: "privar a una persona de la titularidad de un bien o de un derecho, dándole a cambio una indemnización. Se efectúa por motivos de utilidad pública o interés social previstos en las leyes". Cuando se trata de petróleo, luz, agua parece lo correcto, pero cuando se trata de infantes, del cuerpo y la toma de decisiones de una mujer, no lo sé...

Y es aquí cuando pido al público conocedor, a los curiosos, a quien se acerque a leer este post que ayuden a retroalimentar mi reflexión. La ley, en los tres minutos que pude escucharla, me llevó como montaña rusa y de la sonrisa franca pasé al gesto duro e inconforme. No está bien. Como en la película canadiense "Juno" las mujeres sin importad su edad, religión, étnia o preferencia sexual deberían elegir en todos los aspectos referentes a su cuerpo y mente por encima del estado. 

martes, junio 7

Día de la libertad de expresión: México callado se ve más bonito

Recuerdo que hace algunos años, cuando aún no me interesaba el periodismo ni los problemas de libertad de expresión, cuando no imagina que algún día terminaría trabajando para un Semanario, acompañé a un amigo a la entrega de un premio de periodismo que le darían a su padre. Ha de haber sido el año 2007, si mal no recuerdo, y lo que más me asombró de la premiación fue que uno de los convocados (sería inutil tratar de vislumbrar en mi memoria de quién se trataba) dijo, enfrente del Gobernado del estado de ese entonces que México era el país en donde más se asesinaban periodistas, y Veracruz uno de los estados menos impunes. "Mucho más que en Afganistan" fueron sus palabras. Más que un agradecimiento, lo que estaba haciendo ese periodista al subir a tribuna, era un acto de valor, una insurgencia; y como buen comunicólogo aprovechó el poco tiempo que tuvo para expresar su inconformidad, para comunicar que él lo sabía y no quedaría callado.  
Desconozco el futuro de aquel hombre, lo que sí sabemos (y lo sabemos todos aunque nos hicimos de la vista gorda) es que ese mismo Gobernador fue el encargado de comprar todas las revistas Proceso cuando el semanario decidió dedicarle la portada. Esa semana nadie en Veracruz pudo comprar Procesos, sin embargo, el ejemplar estuvo circulando por internet y al final, quien tenía que enterarse se enteró.
De la misma manera, hace poco, fuimos partícipes del caso Aristegui, en donde de la manera más descarada se evidenció el yugo que impera en los medios de comunición, con fin de complacer a la iniciativa privada y el gobierno.
Hoy, en el trabajo, transcribía el audio de un periodista que decía que la mayor parte de las muertes de los reporteros en el país habían sido gracias al narcotráfico, sin embargo, al menos el 50% de los acosos o amenazas al gremio son por parte de autoridades gubernamentales.
En estos casos cuando no opera la censura, la autocensura es privilegiar la vida humana. Y como cuando los machines le dicen a sus señoritas "vieja, calladita te ves más bonita", los medios (porque ellos también censuran de acuerdo a sus intereses), la política, la iniciativa privada prefiere darle una nalgada, al país, en el culo; al fin que calladito se ve más bonito.

lunes, junio 6

Hierba mala nunca muere

Me gustaría que en esta entrada se escuchara la risa de la malvada bruja del oeste; aquella que le impide llegar a Dorothy con el mago de Oz; que se escuchara su risa, mi risa... y poder tener a mi disposición todo un ejército de simios voladores. ¿A poco no sería maravilloso? Sólo pediría que me cambiaran la nariz por una un tanto menos huesida, de ahí en fuera, podría adaptarme bien al personaje, al menos por un tiempo, en lo que localizo las zapatillas rojas que me harán volver al hogar.

Así que estoy de vuelta, intentando actualizar este espacio, con ansias de usar un poco más la tecnología. Y aunque pretendí no volver (hierba mala nunca muere) como la bruja del oeste que, esta noche, soy, me río en el pasado y le digo: heme aquí. Mejor volver con la risa maligna y la cara verde, a intentar regresar con la cola entre las patas.