a ti, que quieres ser mamá
Una noche tranquila en la ciudad. Cuatro féminas salen de un bar sólo para dirigirse a otro. La luna, naranjosa y redonda, les hace sentir el exceso de estrógenos.
"¡Bendito sea Dios, ya me bajó!".
"¿Qué?", pregunta la que lleva los zapatos verdes.
"¡Que ya me bajó! Lo acabo de sentir ahoritita, 'ora córranle".
Aceleran el paso. Una, a la que le bajó, va más nerviosa que las otras, aprieta el paso, los esfínteres, contiene su respiración lo más posible, hace todo por retener y llegar lo más pronto posible al baño.
"¡Achú! Puta madre... qué suerte". Aprieta más el paso, siente que el alma se le sale después del estornudo. Llegan. Se acomodan en una mesa, mientras la otra pasa directo al wc.
Regresa más tranquila, respirando, se sienta con las demás y se incorpora a la plática... de pronto una de ellas, la que siempre usa bufandas o pañuelos en el cuello, interrumpe y cambia de tema brúscamente.
"Bueno, ya chicas, entonces ¿qué hago?".
Las tres voltean a verse, existe una mirada complíce, pero discorde, casi al unísono las respuestas salen de sus labios, escupidas, bruscas, desesperadas porque, la del trapo al cuello, nunca hace caso ni sigue los consejos de las otras: "¡Adopta!", "¡Tírate a uno!", "¡In vitro!".
"No, in vitro no... mejor escógete a uno que veas, que te guste, y te lo echas".
"¡Ay no!, ¿Qué tal que tiene algo? No, no, no, no, no... Es más seguro in vitro. Mira, como nos decía mi maestra en la secundaria: caras vemos, genitales no sabemos. Y ahora, con todo lo que hay... ¡ay no, no, no, no... Pa' qué te la juegas".
Todas voltean a verla, ella es un tanto paranóica. No sólo con las ETS, sino con el mundo en general. Uno nunca sabe, manita. Y alza la mano, enseñándo su palma derecha como si estuviera haciendo un juramento solemne. Uno nunca sabe.
"No mames, ¿qué podría tener?", pregunta la de los zapatos verdes.
"Pues Sida, papiloma, gonorrea... una nunca sabe".
"Pues mira, la verdad que eso sí está cabrón", a la que le acaba de bajar toma la palabra en el debate, "pero in vitro es súper frío, no saber de quién es el esperma, cuánto tiempo lleva ahí en el congelador ése... además hay muchos niños huérfanos, mejor adopta".
"Hay no sé, chicas, eso de la adopción está muy difícil, ya ven cómo le fue a Sandra, in vitro tampoco me late y agarrarme así a cualquiera, pos tampoco, ¿no?".
Asienten, callan. Piden otra cerveza. Cambian nuevamente el tema. De pronto, la que siempre usa trapos en el cuello, interrumpe la plática con un grito súbito: "Manolo"
"¿Qué?", pregúntan, como acostumbran, al unísono.
"Manolo también quiere ser papá".
"Pues sí, mi reina, pero Manolo es gay".
"Mejor aún, buenísima idea", dice la de zapatos verdes, "hagan un acuerdo y cuando sepas que estás en tus días fértiles le pides que te haga el favor".
"Pues ni tan favor, sería un proyecto para los dos. Así, podríamos compartir responsabilidades sin tener que vivir juntos y todas esas cosas".
"Excelente idea", todas ríen; pero a la que le acaba de bajar se queda un tanto más seria, dudosa: "¡Ay, chicas! A veces parece que estamos pepenando amor. Qué tiempos estos..."
Suspiran, el comentario no les ha hecho gracia. Voltean a ver a la luna, redonda y naranjosa que les recuerda, una vez más, el exceso de estrógenos y la falta de testosterona.