comienza con una pequeña sudoración en mis pies
debo quitarme los calcetines, corro el peligro de un resfriado.
Va subiendo por mis poros,
se da prisa. No hay demasiado tiempo ya que sólo disponemos de 24 horas.
Lo peor es cuando llega al sexo y me acuerdo de ti,
se enciende, se paraliza, le suplico que termine pronto.
Al instalarse en las entrañas la sigo confundiendo contigo
pero ahora es el turno del otro,
de aquel que jamás existió y sigo odiando.
Poros que se abren ante el recuerdo
y terminan plagiando las imágenes de ciudades lejanas.
Oblicuo, dorsal, espléndido esplenio...
la explosión llega al occipucio y el grito que había intentado contener se desparrama por las vértebras de los recuerdos.
Pienso que es normal sentir nostalgia los domingos,
lo que no soporto es que llegue el lunes.