Y ya que se me ha sorbido el seso, he aquí unos versos de León Felipe:
La sal es la conciencia...
¿Verdad, filósofo, que la sal es la conciencia
del mundo
del hombre,
del pan,
del agua?
Sólo el agua del mar tiene congojas
y la voz sollozante como el Viento.
Viento... déjame sin conciencia allí dormido.
¿Qué?
¿No es el amor el Viento?
Yo lo pregunto nada más:
¿No es el amor el Viento disfrazado de andrajoso
vagabundo?
Antes del Fiat-lux no era más que un lebrel rabioso y
sin nombre.
aullando en las tinieblas...
persiguiendo la sombre...
Ahora anda loco... enamorado de la luz
y ¡cómo la persigue siempre, desvelado,
iracundo después de bañarse en el mar!
(Fragmento de De Antofagasta a La Paz -En el tren-, León Felipe)