Suele ser así. Mis ojos bien pegados, mi mente perezosa y los destellos de la madrugada diciéndome que me levante, que es un nuevo día.
Hoy es el equinoccio de primavera, sin embargo, nosotros, los habitantes de lo que alguna vez fue la vieja región del hule, sabemos que hará frío. No esperamos que las aves canten y las flores abran sus botones, no esperamos que hoy nazca nueva vida; más bien, nos preparamos a dejar ésta.
Será un día lluvioso y con neblina. Los niños que asisten a la escuela pensarán más en Benito Juárez que en primavera; sus maestras no saldrán de casa por miedo a vernos renacer. Yo pensaré en Xipe-Totec y tendré ganas de quitarme la piel para que alguien más se la ponga: siempre con la esperanza de renacimiento.
Y esa piel, la que alguna vez fue mía, será cobijo del sacerdote extinto. Sin sahumerio, recordará sus antepasados, deseará ver el linaje de los hijos que nunca nacerán.
Con la piel vieja, caminará por toda la aldea. Disfrazado de mí, dirá ser Xipe-Totec, deseará que la nueva cosecha sea fértil, que la memoria del maíz lo reconozca. Al final: un poco de agua bendita y tres padres nuestros, por si las dudas. Al final yo tendré mi nueva piel y podré regresar a la aldea, estaré lista para casarme y comenzar la nueva vida.
Se dice, que las últimas damas de Xipe-Totec han abandonado la aldea con miras a la capital; quizás porque no pudieron soportar ser pequeños pedazos de piel tirados por el sembradío, quizás porque la transformación fue demasiado fuerte.
Irme de aquí, no quiero. Olvidaré la carne que ya no me pertenece. Conservaré el honor de haber sido mujer serpiente y de haber sobrevivido después de sentir el primer jalón: todo estirándose, separándose y volviéndose uno con el universo.
Y ahora, la pregunta que jamás pensé llegaría a mí: ¿seguiré viva, o todo este pensamiento es el efecto de la gallina, quien después de haber sido decapitada, sigue corriendo, corriendo, buscando respiro?
Hoy es el equinoccio de primavera, sin embargo, nosotros, los habitantes de lo que alguna vez fue la vieja región del hule, sabemos que hará frío. No esperamos que las aves canten y las flores abran sus botones, no esperamos que hoy nazca nueva vida; más bien, nos preparamos a dejar ésta.
Será un día lluvioso y con neblina. Los niños que asisten a la escuela pensarán más en Benito Juárez que en primavera; sus maestras no saldrán de casa por miedo a vernos renacer. Yo pensaré en Xipe-Totec y tendré ganas de quitarme la piel para que alguien más se la ponga: siempre con la esperanza de renacimiento.
Y esa piel, la que alguna vez fue mía, será cobijo del sacerdote extinto. Sin sahumerio, recordará sus antepasados, deseará ver el linaje de los hijos que nunca nacerán.
Con la piel vieja, caminará por toda la aldea. Disfrazado de mí, dirá ser Xipe-Totec, deseará que la nueva cosecha sea fértil, que la memoria del maíz lo reconozca. Al final: un poco de agua bendita y tres padres nuestros, por si las dudas. Al final yo tendré mi nueva piel y podré regresar a la aldea, estaré lista para casarme y comenzar la nueva vida.
Se dice, que las últimas damas de Xipe-Totec han abandonado la aldea con miras a la capital; quizás porque no pudieron soportar ser pequeños pedazos de piel tirados por el sembradío, quizás porque la transformación fue demasiado fuerte.
Irme de aquí, no quiero. Olvidaré la carne que ya no me pertenece. Conservaré el honor de haber sido mujer serpiente y de haber sobrevivido después de sentir el primer jalón: todo estirándose, separándose y volviéndose uno con el universo.
Y ahora, la pregunta que jamás pensé llegaría a mí: ¿seguiré viva, o todo este pensamiento es el efecto de la gallina, quien después de haber sido decapitada, sigue corriendo, corriendo, buscando respiro?
