"Normalmente son benignas
e incluso necesarias(...).
Habitan en el cuerpo
humano".
Wikipedia
[¿Y qué?]
Como de costumbre, voy un poco tarde hacia el trabajo, corro por las subidas y bajadas de mi ciudad mientras hablo por telefono e intento tomar un taxi. Al fin, uno me escucha y se acerca por donde voy saltando con mi doble bolso (llevo dos en realidad: uno grande en donde cabe, casi, toda mi oficina y otro grande en donde cabe casi todo mi refri), abro la puerta y cuando ya estoy instalada termino mi llamada. Cuelgo.
El taxista se da cuenta que ya no estoy ocupada y, mirando por el retrovisor, me dice señalando uno de los posters que hay en la banqueta: "Parece que ya lo encontraron, señorita". Me tardo un poco en entender. El poster, (ése y todos los demás) tienen desde hace unas semanas la foto de un chico de apróximadamente 17 años. Se busca. Desaparecido.
- ¿En serio?-, le digo sin querer preguntar el resto de la información. Pero la duda de mi rostro o la preocupación de mis ojos lo hacen continuar con su relato matutino.
- ¡Ei! No me crea, eh, señorita. Pero que lo encontraron en el Parque Tal sin órganos...
Mi telefono no deja continuar al taxista con sus detalles. Contesto. Lo que queda de mi trayecto habló con alguien más y no mencionamos el tema de los desaparecidos, de los encontramos. Nos limitamos a hablar de nosotros.
Por el resto del día, me quedan rondando aquellos dos escasos diálogos. No sé si sorprenderme, si permanecer inmune. Me parece terrible poder decidir ante el terror, acostumbrarnos a la violencia, verlo como algo cotidiano e integrar el miedo a nuestra cotidianidad. El miedo se ha vuelto como una bacteria benigna que ni siquiera nos damos cuenta que la tenemos, el lactobacilo Anti-Violencia. La supuesta inmunidad que adquirimos en movimientos armados está llena de terror, pero ya no nos damos cuenta de él, creemos que los balazos ya no nos asustan, que los militares son decoraciones, que un desaparecido más es cotidiano; pero en el fondo nos vamos llenando de capas de la desconfianza. Y cuando nos vemos forzados a salir de nuestro contexto social y las capas no son necesarias parecemos entes paranóicos, de otro tiempo. Tengo dos ejemplos:
1. En una estación de tren de Francia. Entro corriendo a tomar un tren (la costumbre de ir tarde o al límite del tiempo no es sólo con el trabajo) y me detiene de golpe ver a todos esos sujetos armados moviéndose de un lado a otro. "Paso algo, hay que tener cuidado", le digo a mi acompañante francés, quien no entiende mi frase y me dice, "Nada, no ha pasao na' ", "¿Y los militares?", "Joer, que son policías, siempre están aquí para cuidarnos". "What? ¿Siempre están ahí para cuidarnos...?" Me dió risa, pensé que era irónico, pero no lo era. Después me dió verguenza.
2. En un callejón de San Francisco: una prima me lleva a conocer los murales de la zona. Veo la calle y pienso, "ahí no entro yo"; pero ella camina feliz mientras me va explicando la histroria de la repoblación latina del siglo xx. "Oye, prima, mejor regresamos más temprano, cuando haya más solecito, ¿no?". Ella muere de la risa: "Eres igualita a Hazel*". Con el rabo entre las patas (por miedo y por vergüenza) termino entrando al callejón.
Nuestro lactobacilo tipo AV, fabricado sólo para Latinoamerica, no hizo bien su efecto hoy. Si es verdad lo que el taxista me dijo por la mañana, creo que necesitaré un laxante. Si no es verdad, creo que, de todas maneras, necesitaré un laxante. Por algún lado tendrá que salir todo este malestar que me provoca mi país.
* Hazel es la amiga salvadoreña de mi prima. Durante su infancia iba, todos los veranos, al Salvador; era la década de los ochenta.
Yo también enciendo mi antorcha y me uno al malestar que causa México. Cada día me siento envuelta en una especie de mala historia de mafia y violencia a la que casi todos parecen estar acostumbrados.Sin embargo prefiero pensar que no es a causa del AV, ese lacatobacilo que poco a poco ha ido muriendo para dar paso a uno nuevo que lo ha suplantado: el miedo. Es evidente que el AV hace tiempo que ha dejado de surtir efecto en mí; pero el miedo..., ése aún permanece.
ResponderEliminarAntes: ¡qué bueno que escribes!, no te canses nunca; verás cómo olvidas el pánico escénico, acuérdate: it's just a blog, for Christ's sake!
ResponderEliminarDespués: yo creo, más bien, en las revoluciones del pensamiento. Ellas nos llevarán a acciones concretas de cambio. Nuestras miradas, muchas veces y como bien lo explicas, llevan un sesgo cultural que nos enreda en paranoias y miedos. El lactobacilo, pese a la cruel indiferencia, tendría que mutar a otro llamado AE (anti-estática).
¡Te abrazo!