viernes, enero 17

¿Manías?

Yo dejo marcadas las tazas sobre el escritorio. Cuando son de madera procuro traer una servilleta conmigo, pero la costumbre me traiciona.

Los lugares de trabajo completamente limpios y ordenados me causan ñáñaras, de esas ñáñaras que se sienten cuando una abeja se posa en tus labios, cuando una araña te salta al pecho de sobresalto, cuando se entra al baño de una gasolinera abandonada a media noche. Porque lo perfecto esconde algo, algo que me angustia y me pide que huya.

Hay diferentes tipos de síndromes, yo tengo los míos. ¿Pero qué fácil es detectar a aquellos pulcros que reacomodan cada objeto después de que se cambia de lugar? Aquellos que no soportan las manchas, el desacomodo, la vida misma, plena. Ahora bien, también están los acumuladores, aquellas personas que salen en Tv porque llevan veinte años sin limpiar su casa, los que no pueden tirar las envolturas de los regalos, ni la ropa vieja ni lo que ya no sirve.

O los que están obsesionados con el ejercicio, los que no importa qué salen todos los días, incluso los domingos y corren sus 10k y hacen abdominales, y lagartijas y sentadillas y pesas y pilates y después tienen un desayuno ligero porque no fue suficiente.

¿A qué le tememos? ¿Por qué nos esforzamos tanto en ocultarnos de nosotros mismos, de qué nos protegernos?

¿Cuándo las viejas costumbres se vuelven manías? ¿Y cuándo las manías nos definen?

Yo dejo marcadas las tazas en el escritorio y otras tantas, pero también me reconozco como una construcción inacabada, como un proceso que va y viene, que cambia, que mejora. Quizá en un par de años ni siquiera tome café... ¿Y tú?



lunes, noviembre 18

Gamoneda. Aún.

Antonio Gamoneda, poeta español y habitante de mi querido León. Premio Cervantes. Aquí les comparto un poco de su obra.

Aún:

Hubo un tiempo en que mis únicas pasiones eran la pobreza
y la lluvia.

Ahora siento la pureza de los límites y mi pasión no existiría
si dijese su nombre.

* * *

Alguien ha entrado en la memoria blanca, en la inmovilidad
del corazón.

Veo una luz debajo de la niebla y la dulzura del error me hace
cerrar los ojos.

Es la ebriedad de la melancolía; como acercar el rostro a una
rosa enferma, indecisa entre el perfume y la muerte.

* * *
Hablan los manantiales en la noche, hablan en los imanes
del silencio.

Siento la suavidad de las palabras olvidadas.
* * *
La obscenidad entró en mis huesos y, más tarde, aquel aceite
sigiloso, el que prepara el corazón.

Ahora vendrán los días de las grandes milongas.
* * *
Sábana negra en la misericordia:

Tu lengua en un idioma ensangrentado.


Sábana aún en la sustancia enferma,

la que llora en tu boca y en la mía

y, atravesando dulcemente llagas,

ata mis huesos a tus huesos humanos.


No mueras más en mí, sal de mi lengua.

Dame la mano para entrar en la nieve.

* * *
Amé todas las pérdidas.
Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible.

* * *


Recuerdo el frío del amanecer, los círculos de los insectos sobre las
tazas inmóviles, la posibilidad de un abismo lleno de luz bajo las
ventanas abiertas para la ventilación de la enfermedad, el olor triste
de la sosa cáustica.

Pájaros. Atraviesan lluvias y países en el error de los imanes y los
vientos, pájaros que volaban entre la ira y la luz.
Vuelven incomprensibles bajo leyes de vértigo y olvido.

No tengo miedo ni esperanza. Desde un hotel exterior al destino, veo
una playa negra y, lejanos, los grandes párpados de una ciudad cuyo
dolor no me concierne.

Vengo del metileno y el amor; tuve frío bajo los tubos de la muerte.
Ahora contemplo el mar. No tengo miedo ni esperanza.

Eres sabio y cobarde, estás herido en las mujeres húmedas, tu
pensamiento es sólo recuerdo de la ira.

Ves la rosas temibles.
Ah caminante, ah confusión de párpados.
Hay una hierba cuyo nombre no se sabe; así ha sido mi vida.

Vuelvo a casa atravesando el invierno: olvido y luz sobre las ropas
húmedas. Los espejos están vacíos y en los platos ciega la soledad.
Ah la pureza de los cuchillos abandonados.

Amé todas las pérdidas.

Aún retumba el ruiseñor en el jardín invisible.

* * *
Roza los líquenes y las osamentas abandonadas al rocío,
después alcanza las habitaciones y entra en las hebras de la sosa caústica.
Luego viene a tus manos como una lengua luminosa y se desliza
en las grasientas células. Hierve como suavísimas hormigas y tus manos
se inmovilizan en la felicidad.

Cuando el sol vuelve a su cuenco de tristeza
mira tus manos abandonadas por la luz.

martes, noviembre 5

Acto de fe

Siempre habrá imágenes terribles que causen escalofríos, nauseas, tristezas.
Siempre habrá mujeres desoladas, hombres monótonos, mecánicos, desigualdad y podredumbre.
Siempre habrá días nublados y siempre el sol dará cáncer.
Siempre, pero siempre habrá motivos para estar tristes, para no querer salir de la cama, para llorar a solas, para gritarle a la almohada y dejarla llena de baba y lágrimas; siempre habrá momentos para querer salir corriendo, para olvidarlo todo, para querer desaparecer como la neblina de otoño. Siempre habrá veranos fríos e inviernos insoportablemente calurosos. Pero eso no es la vida...
Es parte de la vida, es un camino, un escalón a otro momento, es entraña y  hormona y es neurosis, instinto, locura, paisaje. Pero no la vida.
Creo en los recuerdos llenos de luz, en las enseñanzas, en el dolor que puede narrarse con risa, ironía, gozo. Creo fielmente en un mejor futuro, en un presente lleno de reinvenciones, en el amor fugaz que se reconstruye, en las sonrisas, en la poesía, en la música, en el baile, en el claroscuro. 
Creo que la vida, para que exista debe estar sostenida por un delgado hilo de seda, o algodón, o poliester, delgado y enjuto que necesita que nosotros lo cuidemos, lo veamos cada mañana, lo hagamos más fuerte. Creo en la magia y los momentos irracionales; en las diferencias entre los pueblos, pero también creo que todos somos hermanos. Creo en la vida enormemente, en la buena vida.
Creo que siempre habrá imágenes terribles, pero junto a ellas se levantará la bondad, la nobleza, la libertad. Y aunque no siempre lo veamos, y aunque parezca que esos principios han muerto siempre estaremos equivocados, porque de eso se trata la vida.

http://www.youtube.com/watch?v=5jBAJs3otcY

lunes, septiembre 30

Querétaro: tierra de oportunidades (para algunos)

Hace más de un año que decidí mudarme a Querétaro. La reminiscencia de la infancia de mi abuelo en aquella ciudad, la casa que alguna vez le perteneció, mis veranos etéreos con la abuela y los primos, me hizo tomar la decisión de pasar un par de años en aquella ciudad.
Desde mi llegada la ciudad me dio la impresión de grandeza, muchas industrias alrededor, mucho dinero y productos que salen de los parques industriales que aquella región del bajío. Pero también de mucha gente, de migración interna, de complejos "all inclusive" para los nuevos habitantes. Querétaro se vende como una ciudad de oportunidades, aunque internamente ha habido choques dentro de sus habitante por la falta de tolerancia: se dice que los robos son por culpa de los que llegan, que el trafico es por los que llegan, que la falta de empleo, que el encarecimiento de las casa, los servicios es por los que llegan, ya no cabemos, dicen incluso los que llegaron a esa ciudad hace un par de años, ya somos muchos. Y sí, es una de las ciudades que más ha crecido en los últimos años.

¡Suertudo, vives en Querétaro!
Ahora conócelo

Podía leerse todo a lo largo de una de las avenida más grandes. Querían hacer "publicidad turística", pero a mí sólo me daban ganas de pintarles un dedo, como si fuera mandato gubernamental, obligación ciudadana por la magnanimidad de haber recibido en sus brazos a los pobres provincianos que querían salir de norte, del sur, de poniendo del país.
Y sí, para algunos vivir es Querétaro es un privilegio, una ciudad que está llena de oportunidades, una dádiva, pero esos algunos son muy pocos.
Hace poco quise cruzar una avenida, caminar un poco y llegar a un lugar que me quedaba relativamente cerca de casa y mi sorpresa fue que no había banquetas. Le pregunté a un policía que me encontré en la esquina que cómo le hacía la gente para cruzar al otro lado: "pos así por la orillita, señorita, y luego ya cruza el puente. No pasa nada, solo se pega mucho de´ste lado, así le hace toda la gente". Y sí, así le hace la gente y al parecer no ha habido muertos por en ese tramo.
¿Pero qué gobierno puede preciarse de crear una tierra de oportunidad cuando la infraestructura urbana está pensada para unos cuantos? Cuando hay que caminar por la orillita para no ser atropellado porque es más importante que los coches circules rápido a que los peatones tengan la mínima seguridad que requieren para desplazarse, cuando el sistema de transporte público exige que las personas tengan una tarjeta de pre-pago como cambio en el sistema de transporte público, pero las rutas hacen el doble de tiempo del que antes hacían y para poder tomar un camión hay que esperar hasta horas para que pase, cuando existen colonias enteras sin servicios públicos o con algunos, o con cables piratas para que llegue la luz.
Querétaro sí es una tierra de oportunidades pero para cuántos, para quiénes. ¿Para los mismos que han tenido la oportunidad de nacer con el apellido adecuado, para quienes tienen coche, para quienes? Una ciudad hermosa no debe ser sólo hermosa, sino incluyente con todos y cada uno de sus ciudadanos y residentes.

domingo, julio 14

Delante

Árido, grietudo camino que vienes delante
que abres Tierra y memoria
y esta inmensa tristeza
de saber que me he ido.
Árido, huesudo, dejé tu rostro
de ojos asustados, brillosos,
de pómulos de marga humeante.
Árida mi alma solitaria, mi espíritu libre,
mi sin razón de estar en aquel desierto
que es mi mente, tu mente, mi vientre, tu vientre.
Vertiente la sangre que recorre nuestra venas,
que se escapa asustada, discreta, del cuerpo
raso, vertiente.
Delante, camino tortuoso,
trampas de la mente, de la Tierra, de nuestras sangres.

miércoles, mayo 29

Trenza

Me voy a hacer una trenza larga de indiamaría, para ver si así atraigo al espíritu de la bisabuela Conchita, de la mujer con rostro cremado que se mecía en el jardín mientras cantaba en una lengua extraña. Me voy a hacer cachitos el pelo, para ver si así entiendo, de una vez por todas, por qué la vida se ha hecho difícil, dramática, extraña. Por qué despierto y ya no veo las nubes, por qué camino y ya no siento el pasto, por qué platico sin escuchar respuesta de los que antes me acompañaban. Voy a entretejer las entrañas, pa' que queden bien apretaditas, bien cerquita del corazón, y así pueda sentir que el viento sigue corriendo a pesar de su ausencia.
Me voy a hacer mi trenza de indiamaría para ver si así entiendo la aritmética que mueve a este mundo, para ver si agarro el rito y el  movimiento involuntario me lleva a otra parte: lejos del recuerdo, cerca de Conchita y su ritmo de antaño, cerca de sus caricias de aguamiel, que endrogaban la mente y la hacían calma, blanca.
(Ilustración tomada de la web)