Me voy a hacer una trenza larga de indiamaría, para ver si así atraigo al espíritu de la bisabuela Conchita, de la mujer con rostro cremado que se mecía en el jardín mientras cantaba en una lengua extraña. Me voy a hacer cachitos el pelo, para ver si así entiendo, de una vez por todas, por qué la vida se ha hecho difícil, dramática, extraña. Por qué despierto y ya no veo las nubes, por qué camino y ya no siento el pasto, por qué platico sin escuchar respuesta de los que antes me acompañaban. Voy a entretejer las entrañas, pa' que queden bien apretaditas, bien cerquita del corazón, y así pueda sentir que el viento sigue corriendo a pesar de su ausencia.
Me voy a hacer mi trenza de indiamaría para ver si así entiendo la aritmética que mueve a este mundo, para ver si agarro el rito y el movimiento involuntario me lleva a otra parte: lejos del recuerdo, cerca de Conchita y su ritmo de antaño, cerca de sus caricias de aguamiel, que endrogaban la mente y la hacían calma, blanca.
(Ilustración tomada de la web)
¡Qué bien escribes! Este texto, debo decir, me deja cierto aliento de viento entre cafetales después de lluvia de agosto. ¿Por qué? No tengo mucha idea pero cómo lo añoro :) Un beso a mi navegante de papel favorita.
ResponderEliminarGracias por encender tu antorcha, entre más seamos, más lejos llegaremos ;)
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