Árido, grietudo camino que vienes delante
que abres Tierra y memoria
y esta inmensa tristeza
de saber que me he ido.
Árido, huesudo, dejé tu rostro
de ojos asustados, brillosos,
de pómulos de marga humeante.
Árida mi alma solitaria, mi espíritu libre,
mi sin razón de estar en aquel desierto
que es mi mente, tu mente, mi vientre, tu vientre.
Vertiente la sangre que recorre nuestra venas,
que se escapa asustada, discreta, del cuerpo
raso, vertiente.
Delante, camino tortuoso,
trampas de la mente, de la Tierra, de nuestras sangres.

No hay comentarios:
Publicar un comentario