Para Blanche y su viaje a la India
Sé que esa casa no me pertenece, que ese naranjo no es mío y que los perros que se asoman por el jardín no obedecerán a mi voz, pues mi voz no es la de su ama.
Desayuno con calma. Me gusta sentarme ahí y ver alrededor. Las puertitas movedizas de la cocina, el mueble donde se encuentra el viejo teléfono desde donde siempre escucho alguna voz familiar y cálida, la mesa redonda que nos invita a compartir de todo: la comida, los dulces, la largas pláticas en pijama. El naranjo, los colibríes que llegan a saludarnos, el cuarto exterior desde donde haces todos los movimientos y transacciones para tener una vida económicamente plena, suelta, libre. Desde donde escribes los mails que he de leer en una ciudad lejana. Desde donde, quizás, alguna vez te refugiaste para guardar en silencio ahogado aquello que hoy te ha hecho más fuerte. Aquello que hoy te hace partir.
Sé que esa casa no me pertenece; sin embargo cuando llego ahí y me instalo, cuando paso al fondo y hago mía la cama de la colcha verde, cuando paso al baño y leo el decálogo del buen “comportamiento” en el wc (el que se encargó de poner tu hijo cuando tenía 16 años, cuando amaba todo lo escatológico e iracundo), cuando abro la llave de la regadera y dejo que el agua del bajío rocíe mi piel tropical me siento en casa.
Esa casa que no me pertenece, ubicada entre las Jacarandas de mi memoria, deja en el piso tu corazón bien sembrado. Y ahí, donde yace tu órgano, lo que fue tu órgano vital por muchos años se libera tu espíritu que ha decidido ser libre e irse a la India a seguir el camino que tus pasos comenzaron, sin saberlo, años atrás. Esa casa tuya, queda como el mausoleo de toda una vida. De recuerdos compartidos y secretos que jamás sabré; queda tuya, por siempre tuya.
Y en invierno cuando ya estés lejos, descubriendo cómo renace tu corazón en el pequeño cuerpo que tus padres te dieron y que tan profundamente has aprendido a honrar, deja que tus ojos se maravillen pues el cielo y yo te mandaremos de regalo la púrpura jacaranda que alguna vez te perteneció para recordarte que estás lejos, construyendo el nuevo camino de tu vida. Un vida que te espera plena, blanca, blanca…


