viernes, abril 9

Querido lector anónimo, noctámbulo:

Yo no quiero escribir rimas asonantes
ni versos de amor.
Lo que yo quiero
es la piel descarnada
y la promesa
quizas
de tu vigilia constante.

Yo no soy poeta II

Soy sigiloso ratón que vive en las penumbras,
baja a tu cocina
e intenta no ser visto,
ni escuchado
por aquellos que desean obtener la paz.

viernes, marzo 19

Nuestra dama

Suele ser así. Mis ojos bien pegados, mi mente perezosa y los destellos de la madrugada diciéndome que me levante, que es un nuevo día.
Hoy es el equinoccio de primavera, sin embargo, nosotros, los habitantes de lo que alguna vez fue la vieja región del hule, sabemos que hará frío. No esperamos que las aves canten y las flores abran sus botones, no esperamos que hoy nazca nueva vida; más bien, nos preparamos a dejar ésta.
Será un día lluvioso y con neblina. Los niños que asisten a la escuela pensarán más en Benito Juárez que en primavera; sus maestras no saldrán de casa por miedo a vernos renacer. Yo pensaré en Xipe-Totec y tendré ganas de quitarme la piel para que alguien más se la ponga: siempre con la esperanza de renacimiento.
Y esa piel, la que alguna vez fue mía, será cobijo del sacerdote extinto. Sin sahumerio, recordará sus antepasados, deseará ver el linaje de los hijos que nunca nacerán.
Con la piel vieja, caminará por toda la aldea. Disfrazado de mí, dirá ser Xipe-Totec, deseará que la nueva cosecha sea fértil, que la memoria del maíz lo reconozca. Al final: un poco de agua bendita y tres padres nuestros, por si las dudas. Al final yo tendré mi nueva piel y podré regresar a la aldea, estaré lista para casarme y comenzar la nueva vida.
Se dice, que las últimas damas de Xipe-Totec han abandonado la aldea con miras a la capital; quizás porque no pudieron soportar ser pequeños pedazos de piel tirados por el sembradío, quizás porque la transformación fue demasiado fuerte.
Irme de aquí, no quiero. Olvidaré la carne que ya no me pertenece. Conservaré el honor de haber sido mujer serpiente y de haber sobrevivido después de sentir el primer jalón: todo estirándose, separándose y volviéndose uno con el universo.
Y ahora, la pregunta que jamás pensé llegaría a mí: ¿seguiré viva, o todo este pensamiento es el efecto de la gallina, quien después de haber sido decapitada, sigue corriendo, corriendo, buscando respiro?Justificar a ambos lados

miércoles, marzo 17

Respuesta a Jose

Así como María suspira por el suspiro que de su boca nunca salió, yo escribo sobre negativas.
Sobre aquel mundo que intento ver y se ve fracasado, colapsado, por la abrupta realidad.
A veces escribo sobre ti sin que lo sepas, a veces escribo sobre mí con vergüenza.
Sobre neblina cuando el vapor sale de mi cuerpo, y sobre primavera cuando deseo cama.
Escribo reciclaje, oxímoron y nostalgia.
Lo hago para que existas y olvidarte. Para recordarme y anularme. Por necesidad-por gusto-por vicio, sobre todo por vicio.
Para darte una respuesta y buscarme una pregunta.
Escribo de mí sin ser yo. Sobre negativa. Sobre María, sobre reciclaje.
Escribo, inconcluso, mi ser.

martes, febrero 2

La niña que no aprendió a hacer tamales


Encendió la vela con un poco de fe y mucho más de ritual. A su madre le gustaba hacerlo todos los dos de febrero. Decía que para honrar a la virgen de la Candelaria, decía que en memoria de su padre extinto. Encendió la vela sin canto, ni rezo. Cuidó de ponerla lejos de los objetos flamables y se apuró a llegar a la cocina , donde estaban las demás mujeres que sí sabían hacer cosas útiles.

viernes, enero 1

El espejo que ya no existe

Llegué aquí buscando un espejo que no encontré. ¿Qué cómo sé que no estaba el espejo? Porque en su lugar había una mujer desnuda recogiendo girasoles. Me dijo que ya no existía, que eso había dejado de existir hace mucho tiempo, que regresara de donde había venido, pero yo no había venido de ninguna parte.

La ayudé a recoger los pétalos que se habían marchitado, a levantarse y a ponerse nuevamente las ropas; ella también buscaba el espejo.

¿Por qué ya no existe?, le pregunté.

Porque ha muerto, repuso.

Ahora le cuento esta historia: antes que yo llegara estuvo ella y antes que ella estuvieron los otros. Ahora le toca a usted, y cuando llegue alguien, si es que alguna vez llega alguien, podrá contarle esta historia o podrá decirle simplemente que el espejo ya no existe; le ayudará a recoger los pétalos marchitos y le despojará de sus ropas para vestirse nuevamente, como usted hace ahora conmigo.

¿Que qué hará mientras espera? No sé.

La otra muchacha cantaba e invocaba; yo, lloraba e invocaba. Lloraba mucho para ver si así se llenaba el río, el interminable espejo. Tal vez usted cante, tal vez llore o ría, pero lo importante es que invoque y espere.

Sí, sí, también los zapatos, gracias. Ahora parto, y recuerde… invoque, invoque.