sábado, mayo 11

Circuito

Hay lugares donde se detuvo el tiempo y se secó la tierra. Donde los hombres seguían usando al burro de carga y los montaban quietos en el silencio de la noche; donde las mujeres lloraban la sequía y le pedían a los dioses que ya no les mandarán más hijos, que mejor enviaran lluvia, tierra, pasto verde y mojado para poder poner los pies y sentir el latir los insectos que hoy estaban muertos.

Esos lugares de tierra roja, amarilla, quedaron malditos hace muchos años, cuando no se obedeció el secreto de la montaña. Cuando se creyó en el poderío del hombre y olvidaron que todo estaba unido: que las semillas daban frutos, que el agua libre en los estanco daba lluvia y granizo, que los hogares, con el tiempo, volverían a ser prado. Olvidaron que los cielos producían danza y que la danza risas. Y las risas ciclos.

La humanidad, amnésica, se consumió; pero no, no hubo cambios inesperados, no vieron edificios ni transformaciones, sólo parálisis, parásitos internos que no sabían cómo expulsar de sí mismos. Y una carretera de lado que transportaba hombres de otro tiempo.

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