A mis queridas A. I. que,
aunque viven entre dos mundos,
se siguen extrañando
Después de un par de meses de autoexilio
regreso a mi hogar, que gentil y manso esperó
mis tiempos de sequía y me trajo humedad.
Pero sólo veo rostros acribillados,
cuerpos que fueron firmes estructura
y que, como el barro, se derritieron en mi ausencia.
¿Qué pasará, madre? Le pregunto sujetando sus rugosas y
cálidas manos.
Mitzu nos salvará, me dice señalando al gato que ha adoptado.
¿Y a los muertos?
¿Qué pasará con sus almas? Con toda esa tristeza que nos dejaron.
¿A ellos quién los salvará, madre?
Y entonces me cuenta la historia de los chamanes
y las almas que no habitan el mundo,
que se van con su nueva tarea,
pero que nos dejan a nosotros, el reto de ser felices,
a pesar de su ausencia y sus neblinas.
¿Qué pasará con sus almas? Con toda esa tristeza que nos dejaron.
¿A ellos quién los salvará, madre?
Y entonces me cuenta la historia de los chamanes
y las almas que no habitan el mundo,
que se van con su nueva tarea,
pero que nos dejan a nosotros, el reto de ser felices,
a pesar de su ausencia y sus neblinas.
Qué intenso pasaje ese último.
ResponderEliminarComo bien dices, me encantan tus finales, pero sin lo que antecede, éstos carecerían de total sentido.
Y la dedicatoria y lo que encierra... uff /
Buen homenaje :-)
Muy hermoso de principio a fin.
ResponderEliminarGracias a morso y anónimo!
ResponderEliminarSer leída siempre da algo de entusiasmo.