viernes, marzo 30

Carito

a J.C. Medrano,
por inspirar la música de mis letras

Fue la primera vez que vi a una mujer tejiendo. Tenía los dedos gordos y ágiles, un estambre amarillo y una mirada llena de compasión y verdades ocultas. Era la mejor amiga de mi madre, solíamos visitarla los domingos, como cuando se visita a una abuela y los últimos dos meses la visita era rigurosa y aburrida. Ellas dos platicaban de las cosas de las que platican los adultos y mi hermano y yo veíamos las caricaturas, su tele aún era en blanco y negro; su sofá, victoriano.

Me aburría, odiaba ver Bugs Bunny (era lo único que se veía bien en esa tele), prefería ir al jardín y acostarme en el pasto, o entrar al cuarto de los adultos y ver como Carito tejía aquel estambre amarillo. Me recordaba a uno de los cuentos que nos contaba mi madre antes de dormir, el de la esposa que tejía por las mañanas y destejía por las noches para que la espera de su marido no muriera, para que su esperanza no muriera.

Un domingo llegamos a casa de Carito y nos dijeron que no estaba. Alguno de sus hijos nos hizo pasar y habló en privado con nuestra madre. Mamá salió llorando del cuarto y no pudo decirnos qué tenía. Al siguiente domingo regresamos a hacer nuestra visita. Mi hermano y yo no queríamos ir, pensábamos que otra vez no iba a estar Carito, y qué flojera tener que recorrer media ciudad para nada. Mamá enojada, nos hizo ir de todas formas.

Esta vez sí estaba, pero nos pidieron que estuviéramos tranquilos, y le dijeron a mamá que la visita tenía que ser corta. Ya no nos quieren, pensé. Ya no nos quieren porque la vez pasada Nico y yo nos acabamos el helado...

Y Carito estaba ahí, en su cama, con la cabeza pelona, cubierta de una pañoleta turqueza. Tenía la misma sonrisa de siempre, pero su mirada había cambiado: se veía triste, cansada. Le dimos un beso y nos quedamos ahí, esta vez no quisimos salirnos del cuarto ni ver Bugs Bunny, queríamos estar con ella. Su tejido seguía siendo el mismo, amarillo e interminable, como el de Penélope.

Mamá y Carito lloraron, ella estaba enferma pero prometía componerse. Aún tenemos mucho que hacer, comadre, le decía a mamá...

Solían escuchar a Silvio Rodríguez y a Mercedez Sosa, Carito murió tras una intensa lucha contra el cancer. Cuando decidió que no esperaría más terminó su tejido y se despidió del mundo, antes dejo dicho que los chalecos amarillos eran para nosotros.

Carito, suelta tu pena... Esa es su canción mami, le dije cuando tenía 10 años. Curiosos quee haya podido saber todo lo que acababa de pasar, curisos que esté escrita como si fuera para ella.



1 comentario:

  1. ¡Gracias por la dedicatoria de este bellísimo texto! / Verás que la música que acompañe tus escritos poco a poco se irá amalgamando con cada historia contada / Brindo aquí por todas las que vienen (esperando que sean muchas muchísimas y eternas).

    Sólo me queda reafirmar: me encanta "lo no dicho", lo que está no estando. Eso me parece, además, elegante.

    Te quiero y deseo larga vida a las naves quemadas :-)

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